Una platea en constante movimiento, la del subte

En el marco del plan cultural de Metrovías, a partir de hoy a las 12, en la estación Carranza del subte D, el grupo Las Chicas de Blanco presenta “Porque el aire es gratis”, un homenaje al viejo radioteatro.
Marsha y Olinda son dos mujeres encargadas de limpiar los estudios de una emisora radial. Un día, por un desliz, la producción se olvida de avisarle a los actores del radioteatro que deben cambiar de estudio, por un problema técnico. De pronto, aquellas mujeres se dan cuenta de que se acerca el horario del comienzo del programa y el estudio sigue vacío. Unos segundos después, para salvar la situación, deciden salir ellas al aire y realizar el radioteatro. Este es el conflicto sobre el que gira la obra Porque el aire es gratis, que escribió y dirige Alejandro Robino. La pieza con tono humorístico se presentará oficialmente hoy a las 12 (después de varios ensayos con público) en un escenario atípico: la estación Carranza de la línea D del subterráneo de Buenos Aires. La propuesta forma parte del Plan Cultural de Metrovías, “El subte vive”, y la entrada es libre. Porque el aire… está interpretada por el grupo Las Chicas de Blanco, compuesto por las actrices Sandra Posadino y Claudia Quiroga, quienes se presentan por sexta vez en los espacios culturales de la empresa ferroviaria. En lo sucesivo, protagonizarán la obra los lunes y los miércoles a las 10.30.
El espectáculo está pensado como un homenaje a la radio de los años ’40. El director destaca que investigó para ponerse a tono con la época, para conocer “cómo eran los musicales, el humor radial, las publicidades, las modulaciones, los radioteatros, los sketches, qué tipo de lenguaje se utilizaba”. Para su preparación, Quiroga señala que “estuvimos escuchando mucho material de esa época, empezando por Pepe Arias y Los cinco grandes del buen humor. Todo ese material nos fue nutriendo bastante como para ver qué tipo de actuación se hacía en ese momento y cómo encararlo ya que es otro tipo de actuación a lo que habitualmente trabajamos”. En tanto, Posadino agrega que fueron a bibliotecas “a leer textos de la época, y tuvimos entrevistas con los actores que están trabajando actualmente en radioteatros. También vimos películas de la época”.
Posadino describe a su personaje, Marsha, como “una trabajadora de la radio que tiene aspiraciones y por eso toma esa oportunidad para convertirse en una locutriz, porque ella piensa que es una locutora que puede interpretar. Se la pasa haciendo alarde de sus condiciones”. Quiroga subraya las diferencias entre ambas: “Marsha es una mujer mucho más zafada. Y mi personaje, Olinda, es un poco más humilde y más temerosa respecto de ‘si vienen, si no vienen’, si las pescan o si no las pescan. Además hay mucha competencia entre ambas, que se refleja cuando salen al aire. Olinda emula los tiempos de Olinda Bozán, mientras que Marsha los de Niní Marshall. Pero recreamos el espíritu de la época, no hacemos imitaciones”.
Respecto de la constante circulación de gente, Robino dice que resolvieron este inconveniente haciendo el espectáculo por bloques. “Yo sé que la gente no va a ver todo el espectáculo pero sí puede ver pequeños bloquecitos, ya sea un número musical, un sketch, un noticiero, un radioteatro, publicidades, etc. Desde ese lugar van a poder apreciar un bloque que es una unidad en sí misma de cinco a siete minutos. Y el que tiene tiempo y se puede quedar a ver todo el espectáculo, disfrutará de todo. En las otras temporadas, en general, habíamos trabajado siempre en recorrido. O sea en los andenes o dentro de los vagones. Y este año para nosotras es un desafío estar en un lugar fijo, porque para hacer teatro en un lugar donde el público está en tránsito hay que lograr el enganche con la gente como para que se detenga un rato y se quede viendo el espectáculo.”
En cuanto a la diferencia entre actuar en un escenario y en una estación de subte, Quiroga recuerda que “tenés devolución constantemente: desde el que se detiene y te espera hasta que finaliza el espectáculo y que te devuelve lo que le pasó, lo que le gustó, lo que no le gustó, hasta el que está de pasada”. Es un hall de tránsito, puntualiza, “donde algunos pasan dos minutos, te hacen señas aunque vos sigas actuando y te van diciendo con sus señas lo que les está pasando en ese momento. Es una sala donde la platea está en constante movimiento: están quienes se detienen y quienes no. Entonces, estás captando la atención todo el tiempo y creo que eso provoca en la actuación un golpecito más de proyección. En la sala vos sabés que la gente está ahí sentada. Acá parece que no hubiese límites, siempre hay un poquito más: una está actuando para los dos que tiene ahí cerquita y otro más que pasó allá a diez metros”.

2003-06-25 · Oscar Ranzani · DIARIO PÁGINA/12