La Nación: ***
“Nervio, Arrojo y Corazón.” Dramaturgia: Graciela Bilbao. Intérpretes: Jorge Libster, Sandra Posadino, Claudia Quiroga. Música original: Osvaldo Aguilar. Diseño de vestuario: Osvaldo Pettinari. Objetos y escenografía: Carlos Groba. Realización de títeres: Flaviana Skudin. Asistente: Alejandro Orlandoni. Dirección: Carlos Groba. En el Centro Cultural de la Cooperación.

En un viejo club barrial, el Sportivo Nervio, Arrojo y Corazón, dos mujeres cumplen con sus tareas habituales: una es peluquera y la otra costurera. Ambas, además, integran en la institución una subcomisión que debe encarar un proyecto social y cultural y están interesadas en volver a reunir a las familias. Una serie de fantasmas merodean por la habitación en la que trabajan, y son precisamente ellos los que las ayudarán a definir la actividad. El viejo carnaval con sus disfraces, el baile comunal y su espíritu festivo resultarán el marco ideal para reconstruir algo de un pasado brillante.
Aunque con una estructura dramática endeble en la que, por momentos, se confunden los planos del presente y el pasado y en la que además los parlamentos carecen de cierta vitalidad, el espectáculo trasciende por su tema, por una dirección que busca ajustadas actuaciones y por el juego que se da entre actores y títeres, estos últimos de fuerte presencia. Sus imágenes son muy potentes y sus personajes de una calidez extrema.
Las composiciones de Sandra Posadino y Claudia Quiroga, en los roles de la peluquera y la modista, también tienen su atractivo. Ambas cargan las tintas sobre unas caricaturas muy ricas expresivamente y crecen cuando se relacionan con los objetos que se corresponden con sus respectivas profesiones: ruleros, tijeras, maniquíes, hilos, máquina de coser y secador se cruzan entre palabras y acciones en un ritmo muy intenso. Jorge Libster tiene unas pequeñas y buenas intervenciones como el presidente del club y sobre todo en el manejo de muñecos.
La experiencia tiene algunos picos conmovedores, también, sobre todo cuando el recuerdo de otros tiempos se impone, porque da cuenta de un entramado de relaciones afectivas muy sensible.

2005-05-21 · Carlos Pacheco · Diario La Nación